Por: Felipe Londoño Henao.

La agricultura es simple aún si sus resultados son inciertos. Tomamos una semilla de la planta y la sembramos en un terreno abonado, la cuidamos y alimentamos durante su crecimiento y entonces obtendremos frutos de lo que sembramos. Si hacemos esto podremos ser llamados agricultores. No interesa cuán grande sea nuestro cultivo, aun si sólo estamos sembrando una semilla de fríjol en un vaso con un algodón como lo hacíamos en el colegio, estamos siendo agricultores.

Los resultados muchas veces dependen de circunstancias que están fuera de nuestro control como por ejemplo el clima, los animales que ven en nuestro cultivo la fuente de su alimento o las condiciones del terreno que escapan a nuestro entendimiento porque no somos científicos.

Pero aun así, si hacemos lo básico bien y somos constantes en nuestra labor, hay grandes posibilidades de que obtengamos fruto de lo que sembremos, quizás no al 100%, pero si lo que suple nuestra necesidad si lo hemos hecho con este objetivo.

Y entonces, ésto tan sencillo qué aplicación tiene para mi diario vivir?

  1. Cosecho lo que siembro. Es una expresión que todos conocemos y usamos. Siembro amor y cosecho amor, siembro odio y cosecho odio, siembro confianza y cosecho confianza, siembro desconfianza y cosecho desconfianza. Pero a veces como en la agricultura el resultado nos sorprende. En ese caso debo aceptar que algo falló como por ejemplo que el terreno no estaba abonado, preparado o que lo que sembré no lo cuidé suficientemente, o que algo o alguien lo destruyó. O que gracias a Dios que hace su voluntad cuando El quiere, sembré rencor y coseché amor!…Recordemos que no todas las variables están sujetas a nuestra voluntad y la voluntad de Dios es una de ellas. Sin embargo, es un principio universal que la calidad de la cosecha depende de la calidad de la siembra. Reflexiona qué es lo que estás sembrando en tus relaciones personales en tu trabajo y en tu vida.
  2. El que abundantemente siembra, abundantemente cosecha. Al igual que en agricultura, si nuestro objetivo de siembra es suplir nuestras necesidades alimenticias, debo sembrar con la abundancia suficiente para cumplir con este propósito. En los negocios debo trabajar lo suficiente para suplir mis necesidades y yo soy quien determino mis necesidades. Si quiero engordarme a punto de comer y comer, debo sembrar mucho y por tanto trabajar mucho para mantener ese cultivo productivo. Así mismo si quiero tener muchas cosas, viajes, casas, tener y tener…debo trabajar mucho para suplir esas necesidades, pero debo entender que todo tiene un costo y que el tiempo es un recurso escaso. El principio aplicado a nuestras relaciones indica que si dedicamos tiempo a fortalecernos espiritualmente, compartir con nuestra familia, nuestros amigos y las personas necesitadas también tendremos una abundante cosecha de bienestar.
  3.  La semilla debe caer en un buen terreno para que dé fruto: En artículos anteriores les hemos hablado de esto, de cómo debemos preparar el terreno para tener una buena cosecha. En nuestra vida, a menudo ponemos nuestra semilla en un terreno que no es el ideal y por esto nuestros esfuerzos no rinden fruto. Debemos siempre preparar el terreno en donde vamos a sembrar (si quieres ser amigo de alguien debes preparar las condiciones ideales para serlo). Piénsalo…sé selectivo en las obras que emprendes y con quién compartes tu tiempo y tus recursos.
  1. Renovarse: Los terrenos se agotan, pierden sus minerales y nutrientes, es necesario renovarlos, abonarlos, enriquecerlos. En tu vida o la mía pasa lo mismo. Debemos aprender nuevas destrezas, nuevas habilidades y dejar otras atrás. Las plantas se desprenden de partes que fueron importantes en algún momento de su desarrollo pero que ya no son necesarias, eso es lo que conocemos como la poda. Es como un cohete que al despegar necesita de grandes motores, tanques de combustible, mecanismos, que fueron necesarios para su despegue pero que a medida que se eleva, va dejando atrás y va soltando para continuar su camino porque con ellos no podría avanzar. Tenemos un espíritu que nos habita, que nos guía, nos conduce por el camino y evita que nos perdamos, que nos suministra en cada momento de la vida lo que necesitamos y también desecha lo que nos pesa, lo que no nos permite avanzar y llegar a donde estamos destinados a llegar. Al igual que el piloto del cohete que es quien realmente sabe a dónde quiere dirigir el cohete y la misión que tiene y toma decisiones de acuerdo a su plan, así mismo Dios conoce qué plan tiene para nosotros y toma decisiones para cumplir ese plan, aún si a veces son dolorosas para nosotros. Pero hay una buena noticia: los planes de Dios son buenos, porque son planes de amor. Ese es el Dios en el que debemos creer y confiar. El mismo que hace crecer nuestro cultivo y nos proporciona una ensalada deliciosa en nuestra mesa aunque no entendamos realmente cómo creció cada plantulita, célula por célula, lucha tras lucha, victoria tras victoria, hasta llegar a ser esa hermosa hortaliza que está ante nuestros ojos como una bendición de Dios…

Esperamos que estas enseñanzas sean un buen motivo de reflexión y sabiduría para el camino.